martes, 15 de febrero de 2011

Funciones de relación I: ¿En que consisten?

Nuestro cuerpo está en relación permanente con el entorno que le rodea. Ahora mismo, mientras lees este texto, tus ojos están recibiendo estímulos externos que se transmiten hasta tu cerebro. Cuando llegues a la última línea de la pantalla, tu cerebro te informará de que debes avanzar, y dará órdenes a tu mano para que mueva la barra de desplazamiento. Todas esas acciones forman parte de las funciones de relación que está desarrollando tu cuerpo en cualquier momento.

Pero, a la vez, en tu cuerpo están ocurriendo otros muchos procesos que también forman parte de tus funciones de relación; es posible que haga mucho tiempo que has comido, y tienes sensación de hambre, o de sed. Si es así, pronto decidirás levantarte y beber agua, por ejemplo.

Si comparas los dos ejemplos entre sí verás que tienen muchas cosas en común: en los dos casos hay un estímulo inicial, una información que es recibida por alguna parte de tu cuerpo (el texto escrito, en el primer caso, la sensación de sed en el segundo) y una respuesta final (el movimiento de tu mano para avanzar, o el de todo tu cuerpo para beber agua). Entre estímulo y respuesta hay también procesos que son comunes en los dos casos: la información que has recibido se transmite hasta tu cerebro, y éste toma la decisión de cómo usarla, es decir, señala cuál es la respuesta adecuada, es decir, coordina la actuación del cuerpo.

En los dos ejemplos que hemos puesto, la respuesta está coordinada por el cerebro. Sin embargo, hay otra posibilidad más: después de que hayas comido, cuando la cantidad de glúcidos de tu sangre aumenta, el páncreas secreta una hormona llamada insulina, que llega a todas las células del organismo. Cuando las células reciben la insulina "entienden" que hay glucosa disponible, y se preparan para absorberla y utilizarla. El proceso es muy parecido a los anteriores: de nuevo hay un estímulo (la presencia de glucosa), un mecanismo de coordinación (que en este caso es el sistema endocrino, que se encarga de la producción y secreción de hormonas) y una respuesta, que llevan a cabo todas las células del organismo (absorción y utilización de la glucosa).


Así que podemos decir que las funciones de relación del organismo son el conjunto de procesos que nos permiten recibir información del medio externo y desde nuestro propio organismo, coordinarla, decidir una respuesta adecuada a esa información y hacer que el organismo la lleve a cabo.

El origen de la información

Nuestros sistemas de coordinación (son dos, el sistema nervioso y el endocrino) necesitan recibir información tanto del exterior de nuestro cuerpo como de su interior. La información que nos llega de fuera la recibimos a través de los órganos de los sentidos, que ya nos resultan muy conocidos, mientras que la información que nos llega del interior del organismo lo hace a través de órganos propioceptores, que se encargan de informarnos de la posición y del movimiento del cuerpo,  y que se encuentran en el oído interno, en los músculos y en la unión entre músculos y tendones, y de los órganos visceroceptores, que se encuentran en las paredes de los órganos huecos y que nos informan, fundamentalmente, del daño que pueden sufrir estos órganos.

Los receptores sensoriales

El primer elemento de nuestro organismo que participa en los procesos de relación son los receptores sensoriales. Son órganos capaces de experimentar un cambio cuando reciben un estímulo determinado. Los estímulos son, en todos los casos, algún tipo de energía que alcanza al receptor y que puede estimularlo. El resultado final de los cambios que sufre el receptor sensorial es la producción de una corriente eléctrica que es transmitida por los nervios hasta el sistema nervioso central. Los receptores sensoriales de nuestro organismo pueden clasificarse según la naturaleza del estímulo que pueden percibir. De este modo, pueden distinguirse:
  • Quimiorreceptores: perciben la presencia de sustancias químicas disueltas. Corresponden al gusto y al olfato, aunque también hay receptores internos que nos informan de la presencia o de la concentración de algunas sustancias en nuestro medio interno.
  • Mecanorreceptores: son sensibles a estímulos mecánicos, como la presión. Están presentes en el sentido del tacto, pero también en el del oído.
  • Fotorreceptores: perciben ciertas frecuencias de radiación electromagnética, transformándolas generalmente en una imagen. Forman parte de nuestro sentido de la vista.
  • Termorreceptores: responden a los cambios de temperatura. Están asociados a nuestro sentido del tacto.
  • Nocioceptores: transmiten sensaciones de dolor. Están presentes en la piel y en casi todos los órganos.

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